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No hacer nada también es hacer

  “No hacer nada también es hacer”  Yo soy de esas mujeres que han aprendido a vivir con el mundo encima de los hombros. De las que sostienen, organizan, resuelven, cuidan, piensan por todos y sienten por todos. De las que aman profundamente a la familia, la amistad, la comida, la casa, la armonía, la fiesta, los pequeños detalles… y que sin darse cuenta, a veces se olvidan de sí mismas en el intento de estar para todo/s. Estoy ya tan acostumbrada a ser productiva y estar tan alerta todo el tiempo, que cuando por fin paro, algo se siente raro. Como si me perdiera un poco. Como si detenerme a respirar fuera una traición a lo que soy y así entre la culpa y la inquietud aparece esa sensación silenciosa de que, si no hago, dejo de ser, no me reconozco ¿Quién soy ahora? Ayer una amiga me dijo algo que se me quedó acomodado en el pecho como una verdad antigua: “No hacer nada también es hacer algo.” Y mi mente se calló y mi corazón la entendió antes que yo. No hacer nada es descanso....

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